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LA CONQUISTA DE CANAÁN (introducción)

Por: MinisteriosBelen | Publicado: 03/03/2011 17:02 |

LA CONQUISTA DE CANAÁN (introducción)

Y te daré a ti y a tu descendencia después de

ti, la tierra de Canaán como posesión

perpetua y yo seré tu Dios (Génesis 17-8)

 

Cuando el señor le da las directrices a su pueblo de tomar la tierra prometida, les ordenó echar fuera a todos sus habitantes y destruir sus ídolos, altares y costumbres. Les advirtió que si los dejaban con vida serían como aguijones en sus ojos, como espinas en sus costados y que constantemente los hostigarían, ver (Números 33:50-55).

Lo sucedido al pueblo de Israel quedo escrito para amonestarnos a nosotros y tomar lección de cada una de las cosas que a ellos le sucedieron, ver (1 Corintios 10:11). Todo eso con el propósito de que aprendamos a no cometer

los mismos errores que ellos cometieron. Cuando analizamos esto desde el punto de vista espiritual, nos damos cuenta que la conquista de la tierra prometida simboliza entre otras cosas, el sometimiento, control de áreas y expulsión de enemigos que se hospedan en nuestra alma para que no nos sojuzguen más, ver (2 Timoteo 1:7).

Entre los problemas que pueden estar dominando el alma tenemos los siguientes: malas actitudes y costumbres, de formaciones del carácter, bajas pasiones, problemas de  personalidad, malos deseos, inclinación al pecado, vicios, etc.

La conquista del alma tiene como propósito tener dominio propio y poder disfrutar de las promesas de Dios, llevando una vida abundante llena de paz y libertad, ver (Gálatas 5:1).

La palabra conquista se conoce en hebreo como yarash1 y significa: Ocupar, desalojar a los habitantes y poseer en lugar de ellos; por implicación, capturar, expulsar. 

Apoderarse, adueñarse, exterminar. Según el diccionario de habla española, la palabra conquistar implica: adquirir por

violencia bienes y posesiones. Las áreas de nuestra alma a ser conquistadas están

representadas en los reyes, ciudades y habitantes de Canaán, con los cuales el pueblo de Israel tuvo que

contender y vencerlos, ver (Números 13:30). Si deséanos tener una vida en abundancia, en la cual podamos sojuzgar todas aquellas cosas que nos han atado durante años, expulsar aquellos malos hábitos, costumbres

y porque no decirlo, vicios que nos han tenido oprimidos durante mucho tiempo; debemos conocer primeramente de

que Dios ya nos ha dado la victoria sobre nuestra vida, sin embargo debemos de esforzarnos para tomar posesión de

aquello que Él ya nos dio. Esto implica que debemos ir más allá de nuestra forma de pensar y no acomodarnos a todo aquello que nos estorba, pues caeríamos en la actitud que tuvo el pueblo de Israel al no expulsar por completo a sus adversarios y cuando estos se hacían fuertes los dominaba. Sin embargo conquistar nuestra alma se debe hacer con humildad y muriendo a nuestros propios deseos. El pueblo de Israel anduvo durante cuarenta años en el desierto debido a su negativa de creer que Dios ya les había dado al victoria sobre el territorio en el cual iban a ingresar; esto no era de extrañar ya que durante aproximadamente cuatrocientos años, ellos estuvieron en un estado de esclavitud, lo cual no les permitía pensar como personas libres sino aun como esclavos, aun cuando habían salido de Egipto su pensamiento era aun de esclavo y no de personas libres.

Así muchas veces nosotros pensamos que no podemos conquistar aquello que Dios ya nos prometió que es nuestro, no deseamos enfrentar un mal carácter porque lo vemos como un gigante y preferimos evitarlo, rodearlo, ocultarlo, sin embargo siempre estará allí hasta que no decidamos enfrentarlo y derrotarlo; en ocasiones el Señor permitirá que nos conduzcamos por situaciones que nosllevarán a estar frente a frente con el problema que no hemos podido vencer, con el propósito de que entendamos y creamos que podemos derrotar aquello que Él ya venció en la Cruz por nosotros.

Toda la gente que salió de Egipto tuvo que morir en el desierto para que sus nuevas generaciones pudieran entrar a poseer Canaán. Es impresionante la lección que nos deja ese acontecimiento, pues vemos como las nuevas generaciones que nacieron en el desierto durante esos cuarenta años, ya no tenían una forma de pensar como esclavos, sino como libres, salvo Josué y Caleb que la Biblia nos menciona que “tenían un espíritu diferente”. De esta misma forma, nosotros no entraremos a conquistar nuestra alma hasta que no hayamos muerto, espiritualmente hablando, a nuestra forma de pensar antigua y que renovemos nuestros pensamientos para saber que somos los encargados de sojuzgar, conquistar y expulsar de nuestra alma todas aquellas cosas que nos impiden seguir adelante en nuestro camino de perfección.

Para que este proceso se inicie con efectividad se debe entender que el primer paso para ello es el bautismo

en agua, para anular a los enemigos que nos perseguían y oprimían en el mundo, ser llenos del Espíritu Santo para ser

guiados en nuestro camino hacia la lucha y conquista de nuestro ser.

El desierto tipifica en el hijo de Dios, aquellos momentos de prueba en los cuales se va a manifestar todas aquellas cosas desagradables que aun están guardadas, pero que el Señor permite que se manifiesten para que sean

erradicas, es importante entender que es aquí en el desierto donde nos cambiarán nuestra forma de pensar con

respecto a cosas de nuestro pasado, herencias familiares o hábitos que creíamos correctos, pero que en alguna manera

nos estorba para poder alcanzar una plena libertad en Cristo. Al entrar en Canaán la primera conquista que Israel debía efectuar era Jericó, una ciudad amurallada que con medios humanos no podía ser penetrada, sin embargo el Señor les da la victoria sobrenaturalmente sobre esta fortaleza. Así el cristiano debe creer que la conquista sobre aquellas fortalezas que hay en su alma, Dios ya le dio la victoria sobrenaturalmente en lo cual él debe caminar y creer que la conquista de su Alma ya ha comenzado y no se detendrá a no ser que él mismo desee convivir con todos los problemas y defectos que puedan estar en su alma. En otras palabra, para poder derribar y conquistaraquellas cosas que en nuestra alma y mente están bien resguardadas, debemos de botar todo razonamiento humano porque este no permitirá que la fe actué dificultando que el poder de Dios se manifieste en nuestra vida. Esto lo notamos en el momento en que el pueblo de Israel siguió las instrucciones que se le dieron para derribar esta fortaleza, es pues un factor muy importante la obediencia que podamos aplicar a todo aquello que un ministro nos indique que debemos hacer para lograr

derrumbar argumentos lógicos que combaten con la fe. Un ejemplo de esto que mencionamos puede ser: aquellas personas que creen que su carácter airado en todo momento se debe a que por un familiar él es de esa manera,

justificándose todo el tiempo que nunca podrá cambiar porque así nació; otro ejemplo similar es con las personas

de género masculino que pretenden ser o aparentar ser del género opuesto, estos se justifican en muchas ocasiones por

diversos argumentos y uno de ellos es: “genéticamente ellos nacieron así y no pueden hacer nada para remediarlo”. De esta misma forma hay hijos de Dios que se acomoda y no creen que pueden derrotar sus problemas y efectivamente eso sucederá si antes no derriban su forma de pensar y renuevan su mente.

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